Las Redes de Apoyo Necesarias para Lograr el Acceso a la Tierra en Nueva York
El acceso informal a la tierra puede ser un punto de partida, pero los productores prosperan cuando se crean rutas hacia contratos formales y, con el tiempo, hacia la propiedad de la tierra.
Conseguir acceso a la tierra sigue siendo uno de los mayores retos para quienes sueñan con empezar una vida en la agricultura o para aquellos que buscan hacer crecer las fincas que ya han comenzado con tanto esfuerzo. Sin embargo, detrás de cada dificultad, he tenido el privilegio de conocer historias que inspiran: personas que, con ingenio, perseverancia y una profunda conexión con la tierra, han sabido transformar los obstáculos en oportunidades reales.

Una vez agricultores principiantes logran el acceso a la tierra, un próximo paso importante es la asistencia técnica. Aquí en un evento educativo facilitado por Cornell Small Farms Program y la Extensión Cooperativa de Cornell, dos productores ajustan una máquina de control de maleza. Tim W. Shenk / Cornell Small Farms Program
A través de nuestro trabajo en el proyecto Futuro en Ag del Cornell Small Farms Program, hemos acompañado a muchas familias que hoy cultivan alimentos, crean empresas agropecuarias sostenibles y sueñan con convertirse en propietarios de sus tierras, si es que aún no lo son. Estas experiencias no solo reflejan su resiliencia, sino que también ofrecen lecciones valiosas sobre cómo construir caminos hacia la estabilidad agrícola, especialmente cuando los recursos son limitados. En este artículo, quiero compartir algunos ejemplos de nuestra experiencia trabajando con productores latinos en el estado de Nueva York. Como todos sabemos, cada finca y cada productor es único y enfrenta realidades distintas, pero todos son importantes y siempre podemos aprender de cada uno de ellos.
El análisis de los datos del Censo Agrícola del USDA revela una tendencia interesante. Desde 2002 hasta 2017, el número de productores hispanos en Estados Unidos creció un 122%, pasando de 50,592 a 112,451. Este crecimiento puede atribuirse al aumento de la población hispana, el acceso a ciertos programas de apoyo y el interés de la comunidad en la producción agropecuaria. Sin embargo, entre 2017 y 2022, el crecimiento se estabilizó e incluso disminuyó ligeramente. Este estancamiento podría reflejar los retos actuales: rentabilidad limitada de las pequeñas fincas, dificultades en el acceso a tierras y al financiamiento, problemas de clima, acceso a la mano de obra y cambios en las políticas en general.
En el caso particular de Nueva York, los datos muestran una historia que merece atención. En 2017, había 629 operaciones agrícolas operadas por al menos un productor latino. Para 2022, ese número descendió a 569. Esta disminución, aunque moderada, también podría reflejar las crecientes dificultades que enfrentan los productores latinos para mantener el acceso a la tierra en un mercado donde los precios son elevados y las oportunidades de financiamiento son limitadas. No obstante, estas cifras no reflejan el impacto y la importancia de las operaciones existentes, que abarcan más de 81,000 acres y generan una producción agropecuaria significativa. A pesar de los desafíos, la comunidad latina continúa siendo una fuerza vital en la agricultura del estado, aportando conocimientos tradicionales familiares y de una diversidad de orígenes nacionales, además de un fuerte sentido de comunidad.
Aunque las cifras nos ayudan a entender el panorama general, son las historias de vida las que realmente nos permiten ver cómo los agricultores latinos enfrentan y superan estos desafíos. A lo largo de mi trabajo he tenido la oportunidad de conocer muchas de estas experiencias de cerca, y hoy quiero compartir algunas que reflejan el ingenio, la perseverancia y la esperanza con la que tantas familias construyen su futuro en la agricultura.

Acceso a la tierra para la producción agropecuaria es un principal desafío para los productores principiantes, especialmente para los que también enfrentan las barreras de idioma, educación formal, capital, e historial crediticio. El Cornell Small Farms Program ha acompañado a este productor para formalizar el arrendamiento de unas acres en el Valle de Hudson del Estado de Nueva York. El productor es ahora anfitrión de capacitaciones mensuales bilingües en la tierra. Tim W. Shenk / Cornell Small Farms Program
Un productor que comenzó haciendo trabajos de jardinería y como empleado agrícola pudo tener acceso a sus primeras parcelas para cultivar gracias a la confianza de una familia a la cual le prestaba sus servicios de jardinería. Ahora, en sociedad con su hermano, están en proceso de comprar un terreno agrícola que será de su propiedad.
Un agricultor inició su operación agropecuaria gracias a que un conocido le cedió, mediante un acuerdo informal de palabra, un terreno para comenzar a producir. Sin embargo, tras invertir tiempo, recursos y mejorar significativamente la parcela, la propietaria decidió desalojarlo. Al no contar con documentación legal que respaldara su derecho de uso, perdió el acceso a la tierra.
A pesar de este revés, no se rindió. Con objetivos claros, experiencia en el mercado y el acompañamiento técnico adecuado, logró arrendar diez acres. Además, presentó una solicitud de subvención para adquirir un vehículo que le permitiera transportar sus productos, la cual fue aprobada. Hoy, este nuevo espacio y su medio de transporte representan oportunidades para ahorrar y prepararse para el momento en que pueda adquirir su propia tierra.
Muchos trabajadores agrícolas han encontrado oportunidades dentro de sus propios empleos. Un grupo de mujeres trabajadoras agrícolas, conocidas por su dedicación y ética de trabajo, logran acceso anual a tierra para producir hortalizas y maíz, ofrecida por su empleador. Actualmente mejoran su educación financiera, desarrollan habilidades empresariales y construyen ahorros con el objetivo de convertirse en propietarias de tierras.
Un productor avícola que es acompañado por nuestro equipo fue inspirado por una frase que escuchó en una de nuestras conferencias: “Si puedo trabajar todos los días para los sueños de mi jefe, puedo trabajar para los míos”. Con nuestro apoyo, creó un plan de negocios y lo presentó a su empleador. Este le ofreció una parcela para iniciar su producción de pollos de engorde. Hoy cuenta con una empresa formal y continúa capacitándose con la meta de adquirir su propia tierra.
Las alianzas cooperativas también han buscado formas creativas de acceder a la tierra para la producción agropecuaria. Un grupo de empleados de diferentes empresas se unieron y formaron una LLC cooperativa. Con el apoyo de nuestro programa y técnicos de una oficina de extensión cooperativa, fueron aceptados en un programa de incubadora de tierras en un fideicomiso de tierras. Hoy tienen acceso a tres acres, infraestructura y recursos educativos a través del fideicomiso de tierras. Su visión es convertirse en productores y futuros propietarios.

La infraestructura como los invernaderos, sistemas de riego y facilidades para el procesamiento es importante para que las operaciones agropecuarias en el Noreste de EE.UU. sean viables. En muchos casos, las subvenciones estatales y federales son lo que facilitan estas inversiones para que productores principiantes tengan éxito. Las familias agrícolas latinas que tienen limitaciones en el inglés y acceso a recursos digitales, tienden a requerir la asistencia técnica para aplicar a estos programas. Tim W. Shenk / Cornell Small Farms Program
Estos agricultores no solo producen hortalizas, manzanas, huevos, pollos y otros cultivos especializados. También adoptan prácticas agroecológicas que integran saberes tradicionales con las condiciones locales y promueven la seguridad alimentaria y la identidad cultural en sus comunidades. Cada parcela que cultivan representa más que una fuente de ingresos: es un compromiso con la comunidad y el medio ambiente.
Estas historias, y muchas otras, demuestran que el acceso a la tierra rara vez comienza con una compra inmediata. Para la mayoría, los altos costos, las barreras crediticias y los obstáculos legales hacen que esa opción sea inalcanzable. En su lugar, los productores latinos tienden a progresar mediante pequeños comienzos, acuerdos informales, apoyo familiar, mentorías, apoyo técnico de profesionales de confianza y, sobre todo, construyendo relaciones de confianza.
Como sociedad, debemos reconocer que estos modelos de acceso —basados en relaciones, aprendizajes colectivos e integrales y esfuerzos individuales— ofrecen una hoja de ruta para el diseño de políticas públicas, programas de incubación de nuevas fincas, programas de asistencia técnica y educación, entre otros. Estos casos nos muestran que los agricultores prosperan cuando se les brinda educación culturalmente relevante, mentoría, orientación legal, apoyo técnico y conexión a recursos locales, entre otros.
El acceso informal a la tierra puede ser un punto de partida, pero los productores prosperan cuando se crean rutas hacia contratos formales y, con el tiempo, hacia la propiedad de la tierra. Para quienes trabajamos en agricultura, desarrollo rural y formulación de políticas, estas historias ofrecen tanto inspiración como dirección.
Es importante que financiadores, propietarios de tierras, fundaciones, responsables de políticas públicas y otras organizaciones aliadas se unan para el diseño y fortalecimiento de sistemas de acceso a la tierra que sean intencionales y culturalmente sensibles. Porque cuando la oportunidad se encuentra con la preparación, no solo nacen nuevas fincas: nacen comunidades resilientes que alimentan tanto a sus familias como a nuestra sociedad.
