Capítulo 2: Manejo de Enfermedades

Fields of green beans are soaked in the water from heavy rains. The photo was taken the first week of July.

Guía de Cornell para el Manejo Integrado de Cultivos y Plagas en la Producción Comercial de Vegetales 2024.

Autores: Stephen Reiners, et al.

Guía traducida al español por el equipo de Futuro en Ag, Cornell Small Farms Program. 2024. A continuación.

2.1 Principios Generales 

Para que se desarrolle una enfermedad en un cultivo de vegetales, deben ocurrir tres factores críticos simultáneamente: una planta huésped susceptible, un organismo patógeno virulento y condiciones ambientales favorables para que el patógeno sobreviva, entre (infecte) la planta y prospere. Esto se conoce como el triángulo de la enfermedad.

Factores adicionales importantes son un método efectivo para distribuir el patógeno y tiempo para que la enfermedad se desarrolle y se vuelva lo suficientemente grave como para afectar el rendimiento. La elección de prácticas de manejo adecuadas para una enfermedad en particular debe basarse en un conocimiento preciso del patógeno que causa la enfermedad; su ciclo de vida; momento de la infección; la parte de la planta que se ve afectada; el método de distribución del patógeno; condiciones ambientales pasadas, presentes y futuras; y ciertas consideraciones económicas.

Las prácticas de manejo efectivas incluyen: variedades resistentes; semillas libres de patógenos que fueron probadas (certificadas) o cultivadas en áreas libres de enfermedades; tratamiento de semillas con calor o productos químicos; rotaciones largas; esterilización del suelo con vapor o productos químicos; control de vectores de insectos y hospederos de malezas; y el momento y la aplicación adecuados de fungicidas orgánicos y/o convencionales y también de nematicidas, lo que implica verificar semanalmente las plantas en busca de síntomas de enfermedades y monitorear las condiciones climáticas.

El manejo efectivo de enfermedades en cultivos de vegetales comienza con la prevención del inicio de las enfermedades cuando sea posible. El siguiente enfoque se centra en retardar el desarrollo de las enfermedades que ocurren.

Los procedimientos que se pueden realizar para prevenir brotes de enfermedades o reducir el riesgo de epidemias al inicio de la temporada incluyen: rotar los lugares donde se cultivan los cultivos, seleccionar variedades resistentes, plantar semillas que han sido probadas y/o tratadas, controlar las malezas, controlar los vectores de insectos, minimizar los períodos de humedad en las hojas (por ejemplo, plantar en dirección paralela a la dirección predominante del viento, usar riego por goteo en lugar de riego por aspersión, tutorar los tomates), mejorar la aireación y el drenaje del suelo, y practicar una buena sanitización (por ejemplo, desinfectar las superficies de los invernaderos y las estacas de tomate después de usarlas).

Estas prácticas se conocen como prácticas culturales. Es poco probable que todas las enfermedades de un cultivo particular puedan ser controladas solo siguiendo estos procedimientos. A menudo también es necesario aplicar fungicidas. Sin embargo, la magnitud (incidencia y gravedad) de la enfermedad, el número de aplicaciones de fungicidas y los costos asociados para lograr un control adecuado pueden reducirse significativamente siguiendo tantos de estos procedimientos como sea apropiado y factible.

 

2.2 Diagnóstico de Enfermedades

El primer paso en el manejo de enfermedades debe ser un diagnóstico preciso. Es importante diferenciar entre enfermedades infecciosas (causadas por hongos, bacterias, fitoplasmas, virus, viroides y nematodos, todos capaces de multiplicarse y propagarse de planta en planta) y enfermedades o trastornos no infecciosos (por ejemplo, trastornos fisiológicos, contaminantes atmosféricos, desbalances de nutrientes, desbalances de agua, daños causados por ácaros e insectos, y lesiones causadas por pesticidas).

Los agricultores que tienen un buen entendimiento de las enfermedades de las plantas, sus síntomas y los trastornos infecciosos y no infecciosos que pueden afectar a un cultivo específico, tienen más probabilidades de tomar decisiones correctas en el control de enfermedades. Hojas informativas y boletines con ilustraciones a color han sido desarrollados por el personal de Cornell para ayudar a los agricultores a hacer diagnósticos precisos de enfermedades. (Consulte las referencias en cada sección de enfermedades). Además, se pueden enviar muestras a la Clínica de Diagnóstico de Enfermedades de Plantas en Ithaca, Nueva York (607-255-7850).

 

2.3 Tácticas de Manejo de Enfermedades

2.3.1 Rotación de Cultivos y Labranza

Rotar, que consiste en plantar diferentes cultivos en los mismos campos cada año, no puede ser enfatizado lo suficiente como una de las estrategias de control de enfermedades más importantes y fáciles de implementar. Esta práctica evita la acumulación de patógenos de plantas que pueden sobrevivir en el suelo. No todos los patógenos son capaces de hacerlo.

En general, cuanto más larga sea la rotación, menos probable será que ocurra un brote de enfermedad al inicio de la temporada. El conocimiento sobre el patógeno objetivo es importante para lograr el éxito con la rotación, en particular cuánto tiempo puede sobrevivir el patógeno en el suelo, qué plantas puede infectar y cuáles son otras fuentes potenciales del patógeno.

Los patógenos que pueden invernar es decidir pasar el invierno, no necesariamente en estado de dormancia o hibernación con éxito sólo si están en asociación con restos de plantas y, por lo tanto, no pueden sobrevivir una vez que los residuos de los cultivos se descomponen, estos patógenos son el objetivo principal de la rotación de cultivos.

Afortunadamente, hay muchos de estos patógenos. Se puede acelerar la descomposición al picar o cortar un cultivo lo antes posible después de la cosecha, seguido de la labranza. Los pequeños trozos de residuos se descomponen más rápido que los trozos más grandes, y los organismos que descomponen los residuos están en el suelo. Esto reduce la cantidad de inóculo que sobrevive el invierno.

Para maximizar el éxito de la rotación, evitar mover el suelo entre campos con el equipo y a través de la escorrentía. Es mejor rotar entre campos separados. No rotar entre bloques adyacentes en un campo.

Algunas enfermedades transmitidas por el suelo no se controlan fácilmente mediante la rotación. Estas incluyen aquellas causadas por patógenos que pueden sobrevivir a largo plazo como 'habitantes del suelo' (causan pudrición de raíces e incluyen Pythium y Phytophthora*), y aquellos que producen estructuras que pueden resistir los efectos del tiempo y los cultivos no hospedadores. Ejemplos de estos incluyen Hernia de las crucíferas, tizón Phytophthora, marchitamiento por Fusarium de diferentes cultivos.

Otros patógenos tienen un rango de hospedadores tan amplio que pueden sobrevivir indefinidamente porque muchas especies de cultivos y malezas sirven como plantas húesped. Estos patógenos incluyen Pudrición blanca o Sclerotinia, Pudrición de la raíz por Rhizoctonia, marchitamiento por Verticillium, y nemátodos del nudo de la raíz.

La rotación tendrá un impacto limitado en los patógenos que producen esporas capaces de dispersarse a larga distancia por el viento. Algunos de los más importantes, el mildiú velloso y el mildiú polvoriento de las cucurbitáceas, no se conocen por producir regularmente el tipo de espora que permitiría al patógeno sobrevivir en los restos de cultivos.

Debido a que los patógenos generalmente atacan a miembros de la misma familia de plantas, es mejor evitar plantar cultivos sucesivos que pertenezcan a la misma familia. Las opciones de cultivos no relacionados para rotar incluyen frijoles con maíz dulce, vegetales de hojas con cucurbitáceas, cucurbitáceas con crucíferas, y crucíferas con maíz dulce.

Rotar frijoles con un cultivo de grano como cebada, avena, centeno, trigo o maíz de campo o con un cultivo forrajero es beneficioso para el control de la pudrición de raíces. Uno o dos años en un cultivo de grano suelen ser suficientes para prevenir la pudrición severa de raíces cuando un campo no está fuertemente infestado. Es importante conocer el rango de plantas húesped de un patógeno objetivo para asegurarse de que la rotación utilizada sea adecuada. Algunos patógenos infectan cultivos no relacionados.

Por ejemplo, la plaga de Phytophthora ocurre en cultivos de cucurbitáceas, la mayoría de los cultivos solanáceos (excepto la papa), y algunas leguminosas (frijoles ejote y habas). El patógeno, P. capsici, también infecta verdolaga y algunas otras malezas.

Los campos con antecedentes de enfermedades foliares causados por patógenos que pueden sobrevivir en restos de plantas o con mala formación de plantas y enfermedades de las raíces no deben cambiarse directamente a producción cero labranza o con labranza reducida de los cultivos afectados. La severidad e incidencia de estas enfermedades deben reducirse primero mediante una rotación de cultivos adecuada, labranza profunda y buenas prácticas de manejo de la salud del suelo.

*Pythium y Phytophthora géneros de hongos causantes de la enfermedad podredumbre de la raíz, mal del talluelo o damping-off, esta es una enfermedad común que ataca diversos cultivos en las fases iniciales de la siembra; precisamente, durante el proceso de germinación.

2.3.2 Variedades resistentes a enfermedades

Cultivar variedades resistentes a enfermedades es uno de los métodos más económicos y confiables de control de enfermedades. Esta opción debe utilizarse siempre que sea posible. Hay variedades de espárragos, frijoles, remolacha, repollo, zanahorias, pepino, berenjena, melón, arvejas, pimientos, papas, calabaza, espinacas, maíz dulce y tomate resistentes a enfermedades importantes en los estados del noreste. Puede consultar en este sitio web.

La lista de variedades resistentes a enfermedades seguirá aumentando en los próximos años. Una ventaja de usar variedades resistentes a enfermedades del suelo puede ser la disminución a largo plazo de la población de patógenos en el suelo cuando se usan en combinación con rotaciones de cultivos adecuadas. El uso de variedades resistentes a enfermedades foliares puede reducir la necesidad de aplicaciones de fungicidas.

Es importante conocer el nivel de control de enfermedades que se puede obtener con una variedad resistente específica y si es una resistencia específica a una raza. La resistencia típicamente no es completa (inmunidad), por lo que es probable que algunos síntomas de la enfermedad aparezcan, pero se desarrollarán más tarde y/o se volverán menos severos que con una variedad susceptible.

Es posible que se necesiten prácticas de manejo adicionales, incluidas aplicaciones de fungicidas, para lograr un control adecuado. Puede haber una gran variedad en el grado de resistencia proporcionado por diferentes variedades resistentes a la misma enfermedad. La resistencia específica a una raza tiende a ser un nivel muy alto de resistencia. Es específica a ciertas razas del patógeno.

También es un tipo de resistencia menos duradera porque el patógeno puede evolucionar fácilmente de manera que la variedad resistente ya no pueda detectarlo durante la infección. Las razas se definen por su capacidad para superar variedades resistentes específicas. Con algunos patógenos, como los que causan el mildiú velloso en espinacas y lechugas, se detectan regularmente nuevas razas.

 

2.3.3 Semillas y Trasplantes Saludables

Existen varias formas en las que las plantas pueden infectarse como plántulas o pilones. Varios patógenos pueden estar asociados con las semillas (dentro o en el exterior). Algunos de estos pueden sobrevivir entre temporadas en las estructuras de los invernaderos, materiales de plantación (por ejemplo, bandejas) y/o malezas en el invernadero. Algunos patógenos también infectan otros tipos de plantas, incluidas ornamentales, que pueden ser la fuente de infección para los vegetales cuando se cultivan juntos. Además, algunos patógenos pueden ser introducidos en un invernadero donde se cultivan trasplantes por los trabajadores o las corrientes de aire.

Manejar estas fuentes potenciales de patógenos es muy importante porque cuando las enfermedades comienzan a desarrollarse muy temprano en la producción de cultivos, es más difícil lograr el control y más costoso debido a la mayor necesidad de fungicidas, además de ser más difícil evitar algún impacto en el rendimiento.

Comprar semillas que hayan sido probadas y/o tratadas de una empresa de semillas de buena reputación, ya que se esfuerzan por vender semillas libres de patógenos. Revisar el paquete de semillas para obtener información sobre las pruebas y el tratamiento, y preguntar a la empresa porque todos los detalles pueden no estar en el paquete, además es bueno saberlo antes de comprar.

Conozca qué patógenos pueden ser transmitidos por semillas en los cultivos que se están cultivando. Esta información se encuentra en los capítulos de cultivos de la Guía para las enfermedades incluidas.

Aunque con semillas comerciales la probabilidad de que un patógeno esté presente es mucho menor que con semillas guardadas por usted o por otro agricultor del cultivo del año anterior, aún es posible. Por lo tanto, también implemente prácticas para minimizar el potencial de propagación de patógenos y el desarrollo de enfermedades.

Plantar semillas contaminadas puede introducir un patógeno en una finca que continuará existiendo y causando enfermedades en los años siguientes. Los tratamientos de semillas con fungicidas son para manejar patógenos transmitidos por semillas y/o patógenos del suelo que causan damping-off o mal del talluelo y pudrición de raíces.

Las empresas de semillas comúnmente venden semillas convencionales que han sido tratadas. El tratamiento de semillas es especialmente importante para frijoles, maíz dulce, remolachas, cebollas, zanahorias y arvejas.

Algunos patógenos transmitidos por semillas pueden ser controlados mediante el tratamiento de semillas con agua caliente. Esto es adecuado para semillas pequeñas y es mejor para patógenos que están dentro de la semilla, ya que otros tratamientos de semillas controlarán aquellos que están solo en el exterior de la cubierta de la semilla.

Es mejor que lo realice la empresa de semillas. Algunas empresas tienen equipos especializados para realizar este tratamiento. Existe la preocupación de que la germinación pueda verse afectada si las semillas se tratan meses antes de ser sembradas. Consulte este sitio web para obtener información sobre cómo tratar las semillas con agua caliente usted mismo.

Antes de comenzar a sembrar trasplantes en el invernadero, es necesario limpiar y desinfectar a fondo las estructuras del invernadero (especialmente los bancos) y los materiales de plantación, y eliminar las malezas. Es mejor hacer esto varias semanas antes.

No cultivar plantas ornamentales en la misma sala del invernadero donde están los trasplantes de vegetales. Cuando se cultivan en el mismo complejo de invernaderos, es necesario destruir rápidamente cualquier planta con virus del bronceado de tomate y maneje el moho gris por Botrytis, ya que estas enfermedades también afectan a los vegetales.

Evitar introducir patógenos en el invernadero. Limpiar los zapatos que tengan restos del suelo del campo antes de entrar o cambiar de zapatos. El marchitamiento por Pythium y otros patógenos del suelo que causan pudrición de raíces pueden estar en el suelo del campo.

Minimizar las condiciones favorables para la propagación de patógenos, la infección y el desarrollo de enfermedades en el invernadero. Varios patógenos bacterianos y fúngicos pueden dispersarse cuando el agua salpica. Regar temprano en el día cuando el follaje, las hojas, esté seco y pueda secarse después antes de que sea la noche.

Si es posible, separar las bandejas con diferentes lotes de semillas en caso de que haya semillas contaminadas en un lote, como alternar filas de bandejas con diferentes tipos de cultivos de vegetales. Elmoho gris es causado por un patógeno fúngico común que necesita alta humedad (al menos 85% Humedad Relativa) para desarrollarse. Usar ventiladores y no plantar densamente.

Evitar el riego excesivo que crea condiciones favorables para algunos patógenos de pudrición de raíces y frena el crecimiento de las plantas. La necesidad de agua varía mucho entre días soleados y días nublados.

Al menos una vez por semana, examinar las plantas en busca de síntomas de enfermedades. Retirar rápidamente las bandejas cuando se vean síntomas, separarlas de las demás para evitar una mayor propagación y obtener un diagnóstico si no está seguro de la causa.

 

2.3.4 Otras Prácticas Culturales

Otras prácticas recomendadas implican hacer que las condiciones sean menos favorables para la propagación de patógenos y el desarrollo de enfermedades en el campo. Estas incluyen plantar después de que los suelos se hayan calentado a la temperatura adecuada para promover una germinación rápida, seleccionar áreas bien drenadas, usar camas elevadas, plantar en paralelo a la dirección del viento predominante, usar mulch o cubierta vegetal plástica u orgánica que sirva como barrera entre los patógenos en el suelo y el follaje, tutorar plantas (tomates), reducir la densidad de plantas, usar riego por goteo cuando sea posible, programar el riego por aspersión cuando el follaje esté seco al inicio y se seque pronto después, controlar las malezas, destruir las plantas afectadas y evitar la poda de raíces y el daño al tallo debido a la labranza demasiado profunda o demasiado cerca de los tallos de las plantas. Las prácticas específicas a emplear varían entre las enfermedades.

Por ejemplo, los pasos para minimizar la severidad del moho blanco en los frijoles incluirían plantar filas en dirección este-oeste; usar un espaciamiento amplio entre filas para promover el secado del suelo y reducir la humedad en el follaje de las plantas; no plantar en áreas sombreadas y campos pequeños rodeados de árboles que reduzcan el drenaje del aire; y no plantar en campos donde el agua drena lentamente y campos que tienen un historial de moho blanco.

Los pasos para minimizar el moho blanco en un cultivo de repollo también requerirían la eliminación en campo de Ambrosia o ragweed y Hoja de terciopelo o velvetleaf en inglés.

La reducción de labranza y la biofumigación son prácticas culturales adicionales que se están utilizando para algunas enfermedades, en particular el tizón de Phytophthora. El objetivo con la labranza reducida es mejorar la salud del suelo, fomentando así organismos benéficos que impactan negativamente a los patógenos, y también mejorar el drenaje del suelo, porque el suelo saturado es favorable para el tizón de Phytophthora.

La biofumigación implica cultivar un cultivo de cobertura seleccionado para este propósito, comúnmente una variedad de mostaza alta en glucosinolatos, luego cortarlo e incorporarlo durante la floración. Estas prácticas se describen en artículos en este sitio web.

 

2.3.5 Monitoreo de Enfermedades

El monitoreo, o la inspección sistemática de los campos en busca de síntomas de enfermedades, según una programación regular (típicamente semanal), es un aspecto importante de cualquier programa de manejo de enfermedades para vegetales.

Se dispone de procedimientos de monitoreo recomendados para muchas enfermedades, específicamente diseñados para detectar enfermedades cuando alcanzan un nivel que se espera que progrese a niveles económicamente dañinos si no hay intervención, y las prácticas implementadas en ese momento (aplicaciones de fungicidas típicamente) serán efectivas.

Para muchas enfermedades, el objetivo del monitoreo es detectar los primeros síntomas al inicio del desarrollo de la enfermedad, ya que es en ese momento cuando deben comenzar las aplicaciones de fungicidas para lograr un control efectivo y minimizar la presión de selección para la resistencia a fungicidas en la población de patógenos.

Consulte las referencias en cada sección de enfermedades para obtener información que describa las técnicas de monitoreo de enfermedades. Típicamente, cuando se monitorean enfermedades, se recomienda buscar detalladamente los síntomas de la enfermedad en algunas plantas en muchas áreas a lo largo del campo.

Incluya cualquier área donde es más probable que la enfermedad comience a desarrollarse primero, como áreas húmedas. El reconocimiento de los síntomas y el diagnóstico adecuado son importantes para un monitoreo exitoso de enfermedades.

También es importante entender que algunas enfermedades no pueden ser manejadas eficazmente cuando las aplicaciones de fungicidas comienzan después de la detección de la enfermedad, como cuando el patógeno tiene un único periodo de infección cada año (por ejemplo, moho blanco) o es difícil de manejar (por ejemplo, tizón de Phytophthora).

 

2.3.6 Monitoreo y Pronóstico del Clima y Plagas

Se ha dedicado una considerable cantidad de investigación en fitopatología para determinar las condiciones requeridas y óptimas para el desarrollo de enfermedades específicas. Para varias de estas enfermedades, esta información se ha utilizado para desarrollar modelos matemáticos del desarrollo de enfermedades en plantas que pueden ser usados para pronosticar brotes de enfermedades. Estos sistemas de pronóstico suelen estar impulsados por factores ambientales como la temperatura, la humedad de las hojas, las precipitaciones y la humedad relativa.

Para utilizar los modelos de pronóstico de manera más efectiva, es necesario monitorear regularmente las condiciones climáticas cerca del campo, y luego los datos deben ser procesados a través de los modelos informáticos. En el pasado, la recopilación de datos era un proceso costoso que requería mucho tiempo.

Las innovaciones recientes en la recopilación de datos climáticos, el uso de computadoras personales y el desarrollo de Internet han permitido que la recopilación de datos climáticos para los modelos de pronóstico de enfermedades sea accesible. NEWA (Network for Environment and Weather Applications, es la Red de Aplicaciones Ambientales y Climáticas) es una fuente web de datos climáticos locales en el noreste, además de aplicaciones que utilizan esos datos, las cuales incluyen modelos de pronóstico de enfermedades para cebolla, papa y tomate (http://newa.cornell.edu).

Estos modelos indican cuándo se justifican las aplicaciones de fungicidas. El Programa de Manejo Integrado de Plagas del Estado de Nueva York (NYS IPM) supervisa NEWA. Es gratuito acceder y utilizar.

La mayoría de los modelos de pronóstico de enfermedades asumen que el patógeno está presente. Se debe considerar la ocurrencia pasada en una producción agrícola.

El tizón tardío es una enfermedad muy devastadora que ocurre esporádicamente y es causada por un patógeno cuyas esporas se dispersan fácilmente por el viento. Por lo tanto, los productores de cultivos susceptibles (papa y tomate) necesitan saber dónde está ocurriendo para poder estar preparados si está cerca. Las apariciones reportadas se mapean por condado en usablight.org.

El sitio web de pronóstico del mildiú velloso de cucurbitáceas (https://cdm.ipmpipe.org/) tiene mapas de apariciones reportadas en los estados del este y medio oeste, información sobre estas apariciones, en particular qué tipos de cultivos están afectados, y pronósticos de dónde se predice que el patógeno se dispersará con éxito.

El patógeno del mildiú velloso de cucurbitáceas sobrevive durante el invierno en el sur de Florida y desde allí es transportado por el viento a lo largo del este de los EE.UU. durante la temporada de crecimiento. Los pronósticos con riesgo de dispersión predicho que cubren unos pocos días se generan de una a tres veces por semana.

Se basan en el conocimiento de dónde se está desarrollando actualmente el mildiú velloso y en pronósticos meteorológicos que incluyen trayectorias del viento. Las condiciones ideales para la dispersión del patógeno son cielos nublados, que protegen sus esporas dispersadas por el viento de la luz solar dañina, y la lluvia para mover las esporas de las corrientes de aire a los cultivos. Las esporas pueden ser transportadas a muchas millas de distancia.

 

2.3.7 Umbrales

Los umbrales son niveles de enfermedad (incidencia o severidad) o de clima favorable a la enfermedad (como horas de humedad de las hojas, temperatura) cuando se recomienda que los agricultores comiencen a aplicar fungicidas para evitar pérdidas económicas por enfermedades de los cultivos. Para varias enfermedades comunes de los cultivos que ocurren en Nueva York, existe información disponible sobre estos umbrales.

Esta información se encuentra en las tablas de manejo de enfermedades bajo cada cultivo.

2.3.8 Control Biológico y Biopesticidas

Algunas bacterias, hongos y otros organismos han mostrado actividad contra los patógenos de las plantas, incluyendo atacar directamente al patógeno o producir sustancias tóxicas. Se ha descubierto que algunos estimulan resistencia sistémica adquirida (SAR- por sus siglas en inglés) o resistencia sistémica inducida (ISR - por sus siglas en inglés) en las plantas tratadas.

Algunos de estos organismos han sido comercializados y ahora están disponibles en el mercado. Para ser utilizados legalmente en el manejo de enfermedades en cultivos comerciales en los Estados Unidos, bajo la FIFRA (Ley Federal de Insecticidas, Fungicidas y Rodenticidas), estos organismos deben estar en un producto que haya sido registrado como fungicida ante la EPA (Agencia de Protección Ambiental) de los Estados Unidos.

Además, el producto debe estar registrado en el estado donde se usará. El objetivo del proceso de registro de pesticidas en los Estados Unidos es asegurar que el uso del producto no tenga efectos adversos en la salud humana, organismos no objetivo o el medio ambiente. El número de biopesticidas microbianos ha estado aumentando rápidamente.

Una preocupación potencial con el uso de biopesticidas microbianos en un programa de manejo de enfermedades con otros fungicidas orgánicos o convencionales es que estos pueden tener un impacto negativo en el biopesticida.

Afortunadamente, eso a menudo no es el caso debido a la actividad de estos productos; sin embargo, siempre verificar la etiqueta de los biopesticidas microbianos y preguntar al vendedor sobre posibles incompatibilidades. También se puede obtener información sobre cómo usar mejor el producto.

También existen ahora muchos biopesticidas bioquímicos que contienen sustancias de origen natural que controlan enfermedades. Estos incluyen bicarbonato de potasio, dióxido de hidrógeno, ácidos fosforosos, extractos de plantas y aceites botánicos.

Algunos de estos biopesticidas se definen como pesticidas de riesgo mínimo a través de la regla de la Sección 25(b) de FIFRA porque se ha determinado que sus ingredientes activos e inertes presentan un riesgo mínimo para la salud humana y el medio ambiente. En consecuencia, están exentos del registro bajo FIFRA y, por lo tanto, se pueden usar en cualquier cultivo etiquetado para cualquier objetivo, ya que no necesitan estar registrados como pesticidas. 'Exento de registro de la EPA' suele estar indicado en la etiqueta de estos productos. El sitio web para buscar biopesticidas y también pesticidas convencionales registrados para su uso en NY es el siguiente. Las etiquetas de los productos de NY se pueden descargar allí. Los productos exentos no están en la base de datos de pesticidas de NY.

Aunque la mayoría de los biopesticidas están aprobados para su uso en producción orgánica, también son adecuados para la producción convencional. Muchos de estos tienen actividad de contacto, siendo la principal excepción aquellos que inducen resistencia.

Así, en la producción convencional, a menudo se recomienda usar biopesticidas en combinación con fungicidas que pueden moverse dentro del tejido de la planta, lo que les permite llegar a áreas como la parte inferior de las hojas grandes, donde es difícil depositar directamente el material de pulverización.

La recomendación principal es usar biopesticidas en lugar de los fungicidas del FRAC que es el Comité de Acción sobre la Resistencia a Fungicidas, del Grupo M (actividad en múltiples sitios de acción), que incluyen aquellos con cobre, azufre, mancozeb y clorotalonil como ingredientes activos.

Tener en cuenta que los biopesticidas, incluidos aquellos aprobados para su uso en producción orgánica, no están exentos de tener un impacto potencialmente dañino para el usuario y organismos no objetivo como las abejas. Leer las secciones de Declaraciones de Precaución y Requisitos de Uso Agrícola de cualquier pesticida antes de usarlo.

Estas incluyen una descripción del equipo de protección personal (PPE - por sus siglas en inglés) que deben usar los aplicadores y los trabajadores que entren a un área tratada durante el intervalo de entrada restringida (REI).

Consultar la Tabla 4 para obtener una lista de biopesticidas que se pueden usar en NY, además de un enlace al sitio web de Cornell con información adicional y listas de cultivos.

2.3.9 Control Químico

Los fungicidas siguen siendo el método más comúnmente utilizado para controlar enfermedades de las plantas y, a menudo, son el método más eficaz. Los pesticidas utilizados para controlar bacterias (bactericidas) se denominan comúnmente fungicidas; la mayoría también son activos contra patógenos fúngicos.

El término 'fungicida' incluye los biopesticidas descritos en la sección anterior. Esta sección trata sobre otros tipos de fungicidas y otros controles químicos. La mayoría de los fungicidas descritos en esta sección son para cultivos manejados de manera convencional. Algunos ingredientes activos están en fungicidas aprobados para cultivos producidos orgánicamente, sobre todo el cobre, el azufre y el aceite mineral. Los fungicidas de cobre han sido los fungicidas más comúnmente utilizados en el manejo orgánico de enfermedades.

Algunas aplicaciones están siendo reemplazadas por biopesticidas. Otros controles químicos son nematicidas y fumigantes. Las etiquetas de los pesticidas registrados para su uso en NY se encuentran en el sitio web. Información adicional sobre pesticidas y su uso se encuentra en el Capítulo 6.

El control químico debe utilizarse junto con prácticas culturales como parte de un programa de manejo integrado de enfermedades para minimizar la necesidad de control químico. Además, las prácticas culturales suelen ser menos costosas de implementar que el control químico. Reducir la necesidad de fungicidas es un componente importante del manejo de la resistencia.

Los fungicidas que se han desarrollado desde finales de la década de 1960 tienen algún riesgo de que se desarrolle resistencia, especialmente en algunos patógenos, que incluyen algunos de los más importantes (por ejemplo: Alternaria, Botrytis y aquellos que causan mildiu velloso y oídio o cenicilla). El riesgo de resistencia se debe al modo de acción específico y de un solo sitio del fungicida, una característica valiosa porque significa que el fungicida puede ser absorbido por la planta sin causar fitotoxicidad y típicamente está clasificado por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de los Estados Unidos como de 'riesgo reducido' debido a su impacto mínimo en organismos no objetivo (incluidas las personas) y el medio ambiente.

Por lo tanto, estos fungicidas pueden registrarse más rápido, convirtiéndose así en comercialmente disponibles más rápido, que los fungicidas no clasificados como de riesgo reducido, aunque no tan rápidamente como los biopesticidas.

Las aplicaciones de fungicidas deben comenzar cuando se pronostique una enfermedad, al inicio del desarrollo de la enfermedad en los primeros síntomas o en un horario preventivo. Esto se debe a que los fungicidas tienen una actividad curativa (erradicante) limitada, o más comúnmente ninguna, en marcado contraste con los medicamentos humanos. Además, aplicar fungicidas cuando una enfermedad está bien establecida ejerce una gran presión de selección sobre la población de patógenos para aislar variantes resistentes a los fungicidas.

Al usar un horario preventivo, a menudo se recomienda comenzar con un fungicida de contacto de amplio espectro y cambiar a un fungicida específico cuando se observen síntomas. Es importante aplicar fungicidas antes de la lluvia, idealmente al menos un día antes para que el producto sea resistente a la lluvia, porque la mayoría de los patógenos necesitan tejido foliar húmedo para infectar y algunos también se dispersan en el agua salpicada. Las excepciones notables son los mildius polvorientos.

Bactericidas. Existen tres tipos de bactericidas: compuestos de cobre, antibióticos y algunos biopesticidas. Algunos fungicidas convencionales están etiquetados para la supresión de enfermedades bacterianas (por ejemplo, Tanos).

Los fungicidas de cobre han sido los principales productos utilizados para las enfermedades producidas por bacterias. Existen muchos productos disponibles con diferentes ingredientes activos y cantidades de cobre metálico, variando en la cantidad de cobre biológicamente activo. Para muchas enfermedades, se recomienda mezclarlos con mancozeb (un fungicida de contacto de amplio espectro) para aumentar la cantidad de cobre en solución.

Los fungicidas de cobre son materiales de contacto, por lo que la cobertura completa de la pulverización (pulverización es esparcir un líquido en partículas muy ligeras, a manera de polvo) es especialmente importante para su eficacia. Varios patógenos bacterianos han demostrado la capacidad de desarrollar resistencia al cobre, lo que afecta aún más la eficacia del cobre.

Hay muy pocos antibióticos registrados para el manejo de enfermedades bacterianas de las plantas porque la mayoría están reservados para uso humano y animal. La estreptomicina, es un antibiótico sistémico con actividad bactericida y fungicida, que está etiquetada para el manejo de enfermedades bacterianas del pimiento y el tomate, con aplicaciones permitidas únicamente en invernaderos. El desarrollo de resistencia es una preocupación con los antibióticos.

El número de biopesticidas etiquetados para enfermedades bacterianas ha ido en aumento. Algunos productos que pueden inducir resistencia sistémica adquirida (SAR) en las plantas han demostrado tener actividad contra enfermedades bacterianas (por ejemplo, Actigard). Deben aplicarse comenzando varios días antes de la primera infección para obtener la máxima eficacia.

Todos estos productos son más efectivos cuando se usan en conjunto con prácticas culturales, incluyendo la rotación de cultivos, el uso de semillas y pilones o plántulas libres de enfermedades, la modificación de los métodos de riego (usar riego por goteo cuando sea posible, realizar riego por aspersión cuando las hojas estén secas y se pueden secar nuevamente antes de la noche), y la reducción de actividades en un campo cuando las enfermedades bacterianas están presentes en períodos en que las hojas están secas.

Dado que la lluvia propaga los patógenos bacterianos y proporciona el tejido foliar húmedo necesario para la infección, un período prolongado de tiempo seco a menudo detendrá una epidemia.

Fungicidas. La mayoría de los usos autorizados de fungicidas son para patógenos foliares. Algunos fungicidas están autorizados para su aplicación a semillas, al suelo por pudriciones de raíces o para la absorción por las raíces para un control sistémico, o a vegetales después de la cosecha. Los fungicidas generalmente necesitan ser aplicados más de una vez para lograr un control efectivo porque su actividad disminuye con el tiempo, se han formado nuevas hojas o frutos, y muchos patógenos producen continuamente propágulos (esporas de hongos y células bacterianas). Muy pocos patógenos fúngicos son monocíclicos (producen esporas una vez durante una temporada), especialmente aquellos que causan el moho blanco.

Las aplicaciones de fungicidas se programan para cuando se predice la liberación de esporas con el fin de manejar estas enfermedades.

Los fungicidas pueden clasificarse en dos grupos principales. Aquellos con un modo de acción de múltiples sitios son materiales de contacto que no penetran en el tejido de la planta y pueden ser fitotóxicos si lo hacen. Estos incluyen algunos de los primeros ingredientes activos utilizados para manejar patógenos fúngicos: cobre y azufre. El clorotalonil y el mancozeb están entre los primeros fungicidas 'modernos'. La mayoría tiene actividad de amplio espectro; el azufre es una excepción. También se les conoce como fungicidas protectores y preventivos.

La mayoría de los fungicidas en uso hoy en día tienen un modo de acción de sitio único (también conocido como dirigido). El número y la diversidad han aumentado sustancialmente desde la década de 1960. Debido a esta actividad dirigida, la mayoría no es dañina si penetran en el tejido de la planta. Esto es una gran ventaja porque no están en riesgo de ser eliminados por la lluvia y pueden redistribuirse desde donde fueron depositados cuando se aplicaron. La mayoría tiene actividad translaminar, significa que les permite moverse hacia la parte inferior de las hojas donde comúnmente ocurre la infección. El grado en que se mueven en una hoja varía entre los fungicidas. Algunos son sistémicos, moviéndose en el xilema (sistema vascular de las plantas), por lo que estos pueden aplicarse a las raíces y moverse hacia arriba, protegiendo el nuevo crecimiento e ingresando en los frutos. Unos pocos pueden moverse en el floema. El modo de acción de sitio único también significa que típicamente tienen baja toxicidad para los organismos no objetivo, incluyendo a las personas, y un potencial mínimo de impacto negativo en el medio ambiente, por lo que están clasificados como de riesgo reducido por la Agencia de Protección Ambiental (EPA).

Muchos tienen actividad de espectro estrecho. Por ejemplo, las cetonas aril-fenil (por ejemplo, Vivando y Prolivo) solo son activas contra los patógenos del mildiú polvoriento. Otros, incluidos los fungicidas QoI, son activos contra una amplia gama de patógenos. Los fungicidas que tienen un modo de acción de sitio único están, por consiguiente, en riesgo de que se desarrolle resistencia en el patógeno. Se ha encontrado que la resistencia en varios patógenos es el resultado de un cambio genético simple (un par de bases en una molécula de ADN) que afecta la capacidad del fungicida para unirse a su sitio objetivo en el patógeno.

El potencial para que se desarrolle resistencia varía de bajo a alto según la química. Los patógenos también varían en su propensión a desarrollar resistencia. Algunos fungicidas tienen actividad contra los patógenos después de la infección, lo que refleja en parte el hecho de que pueden ingresar al tejido de la planta. Esto se conoce como actividad curativa, erradicante y de retroceso.

Tiende a estar limitada a infecciones recientes. Aunque es valiosa, esta actividad no debe ser la base: no esperar para aplicar fungicidas dirigidos hasta que la enfermedad esté bien establecida, ya que esto aumenta la presión de selección sobre el patógeno para la resistencia al fungicida.

Todos los fungicidas, incluidos los biopesticidas, han sido organizados según su modo de acción y asignados a un Nombre de Grupo y un Número de Código de Grupo por el Comité de Acción contra la Resistencia a Fungicidas (FRAC).

La Tabla 2.3.1 tiene el número FRAC para los fungicidas etiquetados para su uso en vegetales en Nueva York. La nota al pie de esta tabla contiene los nombres de los grupos. Los fungicidas también se asignan a grupos químicos o biológicos, y algunos grupos de fungicidas tienen varios de estos subgrupos. Actualmente, hay 11 grupos químicos dentro del Grupo SDHI (FRAC 7). Una razón importante para organizar los fungicidas en estos grupos es para la gestión de la resistencia. Aplicar fungicidas con diferentes códigos FRAC en alternancia es una recomendación común. La mayoría de los fungicidas en los Grupos numerados del 1 al 50 se consideran de riesgo medio a alto para el desarrollo de resistencia. Las excepciones incluyen el Grupo 29, 2,6-dinitroanilinas (por ejemplo, fluazinam, Omega) y el Grupo 30, compuestos organoestánnicos, compuestos de trifenilestánnicos (por ejemplo, hidróxido de fentin, *Super Tin o *Agri Tin).

Gestionar la resistencia a los fungicidas es un componente esencial de todos los programas de manejo de enfermedades que incluyen fungicidas con modo de acción de sitio único, que son la mayoría de los fungicidas convencionales desarrollados desde la década de 1960. El objetivo es retrasar el desarrollo de resistencia, por lo que la gestión comienza cuando un producto se comercializa. La mayoría de los productos tienen restricciones de uso etiquetadas (y por lo tanto requeridas) sobre el número de aplicaciones consecutivas, siendo el límite de dos lo más común. Algunos productos solo pueden aplicarse una vez y luego debe aplicarse otro fungicida con un código FRAC diferente antes de que el producto pueda aplicarse nuevamente.

Alternar entre productos químicos no relacionados según el código FRAC es una práctica importante en la gestión de la resistencia. También es fundamental aplicar fungicidas en riesgo de resistencia junto con fungicidas de múltiples sitios (código FRAC M) y utilizar prácticas culturales para minimizar la necesidad de fungicidas. Para obtener más información, consulte las Directrices Generales para la Gestión de la Resistencia a los Fungicidas disponible en inglés. 

Los productos que contienen más de un ingrediente activo fungicida están siendo cada vez más comunes. Las empresas producen estas premezclas principalmente para fomentar la gestión de la resistencia. También minimizan la pérdida de cultivos si están presentes cepas de patógenos resistentes a uno de los componentes. El nuevo fungicida se comercializa solo combinado con un fungicida de múltiples sitios o con otro fungicida con un código FRAC diferente que también sea activo contra los mismos patógenos de las plantas. Por ejemplo, el oxathiapiprolin (FRAC 49) se formula con clorotalonil (M 05) como Orondis Opti, con mefenoxam (FRAC 4) como Orondis Gold y con mandipropamid (FRAC 40) como Orondis Ultra.

Algunas premezclas son combinaciones de fungicidas que difieren en los patógenos contra los que tienen actividad para tener un producto con actividad amplia. Un ejemplo es Dividend Extreme, que contiene difenoconazole (FRAC 3) y mefenoxam (FRAC 4).

Nematicidas. Los nematodos que afectan a los vegetales están en el suelo e infectan las raíces. Los productos químicos etiquetados para gestionarlos son biopesticidas, nematicidas químicos no fumigantes y fumigantes (ver la siguiente sección para información adicional). La mayoría se aplican al suelo antes de la siembra y/o a través del riego por goteo durante la temporada; también hay tratamientos de semillas (por ejemplo, Actinovate STP). Los ingredientes activos en los nematicidas necesitan entrar en contacto directo con los nematodos para poder inhibirlos.

Los fumigantes se mueven a través del suelo de manera efectiva como gas, lo que significa que la superficie del suelo debe sellarse para evitar la pérdida del gas. La mayoría de los otros productos se mueven a través del suelo mediante agua. La aplicación uniforme y completa para maximizar el contacto con los nematodos es importante para maximizar la eficacia del producto.

Los nematicidas no fumigantes, en general, tienen un espectro de actividad más estrecho que los fumigantes, por lo que tienen poco impacto en los organismos benéficos del suelo.

Biopesticidas incluyen Actinovate STP (Streptomyces lydicus), Biost Nematicide (Burkholderia sp. cepa A397 inactivada por calor), DiTera DF (Myrothecium verrucaria), Ecoworks EC (aceite de neem prensado en frío), Ecozin Plus 1.2% ME (azadiractina), Majestene (Burkholderia spp. cepa A396), MeloCon WG (Paecilomyces lilacinus cepa 251) y Molt-X (azadiractina). Estos están permitidos en la producción orgánica.

Hay tres clases de nematicidas químicos no fumigantes. Los productos registrados en Nueva York y la clase en la que se encuentran incluyen Counter 20G (terbufos; maíz dulce es el único cultivo vegetal etiquetado) y *†Mocap 15G (etoprofos), que son organofosfatos y también están registrados como insecticidas, *†Velum Prime (fluopiram), un 3-flúor, y *†Vydate (oxamilo), un carbamato. Los productos de carbamato y organofosfato son pesticidas de uso restringido y tienen un alto nivel de toxicidad hacia los organismos no objetivo. *†Velum Prime es más seguro de aplicar y significativamente menos tóxico hacia la mayoría de los organismos no objetivo, pero se ha demostrado que reduce las densidades de poblaciones de nematodos beneficiosos en el suelo.

Fumigantes. Estos productos químicos reducen las poblaciones de nematodos y hongos del suelo, así como controlan algunos insectos y malezas. Su uso general ha disminuido debido a un aumento en las regulaciones (por ejemplo, requisitos de capacitación), algunos productos ya no están disponibles (el más notable es el bromuro de metilo, que era muy efectivo) y un número creciente de productos alternativos con actividad para nematodos y hongos del suelo, así como la comercialización de variedades de cultivos de cobertura para biofumigación. Consulte el documento disponible únicamente en inglés: Biofumigation for Managing Phytophthora Blight and Other Soil-Borne Pathogens (Biofumigación para Manejar el Tizón de Phytophthora y Otros Patógenos del Suelo) en el sitio web vegetables.cornell.edu.

Solo los aplicadores certificados pueden usar fumigantes porque están clasificados a nivel federal como pesticidas de uso restringido y, además, deben completar con éxito el programa(s) de capacitación en fumigantes de suelo enumerados en el sitio web de la EPA para el/los ingrediente(s) activo(s) del producto y hacerlo dentro de los plazos establecidos en el sitio web. Otra opción es contratar a un aplicador capacitado.

Los fumigantes generalmente se aplican al menos 14 días antes de que se plante el cultivo. Son más efectivos cuando se utilizan con otras prácticas de manejo de enfermedades como parte de un programa de manejo integrado de enfermedades. Es importante tener cuidado de no reintroducir el patógeno objetivo en un campo después de la fumigación, por ejemplo, al usar equipos que no fueron limpiados después de usarse en un campo no fumigado, especialmente con patógenos que pueden aumentar rápidamente sus poblaciones si no se controlan. Esto se debe a que la fumigación también mata a los organismos beneficiosos del suelo presentes, que pueden incluir aquellos con actividad supresora sobre el patógeno.

Se ha informado que el tizón de Phytophthora es una enfermedad más severa en algunos campos después de la fumigación. En contraste, la fumigación ha tenido éxito para el marchitamiento por Verticillium.

Fumigantes registrados para su uso en Nueva York incluyen *Ally 33 (isotiocianato de alilo + cloropicrina), *K-Pam HL (N-metilditiocarbamato de potasio), *Tri-Pic 100 (cloropicrina) y *Vapam HL (metam-sodio). Existen fumigantes con bromuro de metilo (Terr-O-Gas 67 y Terr-O-Gas 98; 67% y 98% bromuro de metilo + cloropicrina) que pueden usarse como fumigantes del suelo en granjas de vegetales solo como parte de un programa de cuarentena establecido por el Servicio de Inspección de Sanidad Animal y Vegetal del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA-APHIS) bajo la Ley de Protección de Plantas (7 U.S.C. 7701 et seq.). 

* = Pesticida de uso restringido.

La mayoría de los fumigantes de suelo se inyectan a una profundidad de 6 a 8 pulgadas. Inmediatamente después de la aplicación, el suelo debe ser arrastrado, rodado o compactado para retrasar la pérdida del fumigante. El metam-sodio es soluble en agua y puede ser inyectado y aplicado a través de sistemas de riego (aspersores fijos o riego por goteo/trickle). El metam-sodio debe inyectarse durante todo el tiempo que se riegue el campo (aplicar una pulgada de agua por acre). Enjuague el sistema de riego con agua limpia solo el tiempo suficiente para limpiar el sistema.

Un enjuague excesivo o una lluvia intensa dentro de las 24 horas reducirá la eficacia del tratamiento.

Deben transcurrir al menos de 2 a 3 semanas entre la aplicación de la mayoría de los fumigantes de suelo y el momento en que se planta un cultivo. Consultar las recomendaciones de la etiqueta del fabricante para cultivos y fumigantes específicos. Una semana después de la aplicación, trabajar el suelo a una profundidad de varios centímetros para que los gases puedan escapar.

Puede ocurrir una lesión grave o la muerte de plantas sensibles si el fumigante no se ha desaparecido suficientemente.

Para determinar si es seguro plantar en el suelo fumigado, recoger una muestra de suelo del campo tratado (no más allá de la profundidad tratada). Colocar la muestra en un frasco de vidrio con tapa de rosca. Presionar firmemente numerosas semillas de un cultivo vegetal de semilla pequeña (lechuga, rábano, etc.) sobre el suelo y apretar bien la tapa. Repetir el proceso en otro frasco con suelo no fumigado para que sirva como control.

Observar los frascos dentro de 1 a 2 días. Si las semillas han germinado, es seguro plantar en el campo. Si las semillas no han germinado en la muestra fumigada y han germinado en la muestra no tratada, entonces el campo no es seguro para plantar. Trabajar nuevamente el campo y repetir el proceso en unos días.

Debido a una reducción de las bacterias nitrificantes por los fumigantes, al menos el 50% del nitrógeno en la aplicación inicial de fertilizante debe estar en forma de nitrato.

Varios factores tienen un efecto pronunciado en el éxito o el fracaso de la fumigación del suelo. A continuación, se enumeran seis de ellos.

Preparación del suelo antes de la fumigación. El suelo debe ser arado profundamente (diez pulgadas o más) para incorporar los restos de cultivos anteriores lo más completamente posible y evitar que se voltee el suelo no fumigado durante la preparación en primavera. Esto debe ir seguido de dividir ell suelo mediante discos u otro método que deje el suelo en condiciones de cama de siembra. Los terrones y los restos de cultivos mal incorporados proporcionarán "chimeneas" a través de las cuales el fumigante puede escapar prematuramente del suelo.

Humedad del suelo. El suelo no debe estar ni demasiado húmedo ni demasiado seco. Una buena regla general es que el contenido de humedad es más favorable cuando el suelo forma una "bola" en la mano al aplicar presión. Si el suelo está excesivamente seco y se dispone de riego, se recomienda complementar la humedad antes de la fumigación.

Temperatura del suelo. La temperatura óptima para la mayoría de los fumigantes es de 50° a 70°F. A temperaturas más cálidas, los fumigantes se desvanecen completamente y rápidamente, las larvas de nematodos (que son más fáciles de matar que los huevos) han emergido, y todas las etapas de los nematodos pueden ser controladas de manera más efectiva.

Restos de cultivos. Los residuos no descompuestos de cultivos anteriores impiden la distribución del fumigante a través del suelo, absorben el fumigante de manera irreversible, interfieren con el equipo de aplicación, impiden el sellado adecuado de la superficie del suelo y protegen a los nematodos y sus huevos de la acción del fumigante. Rastrillar, quemar o incorporar profundamente los restos antes de la fumigación.

Sellado de la superficie del suelo. Es esencial que el suelo fumigado sea sellado completamente lo antes posible después de la aplicación. Esto se puede lograr mediante equipos como un rodillo compactador, una grada de cadena o una rastra, o mediante riego por aspersión o láminas plásticas. Un sellado con película plástica aumentará la eficacia de la fumigación.

Intervalo entre la fumigación y la siembra. Bajo condiciones promedio, con una temperatura media del suelo de 50°F, se considera necesario un mínimo de tres semanas entre la fumigación y la siembra para prevenir fitotoxicidad. Consulte las etiquetas de los fumigantes para recomendaciones específicas.