Capítulo 3: Manejo de Insectos

Fields of green beans are soaked in the water from heavy rains. The photo was taken the first week of July.

Guía de Cornell para el Manejo Integrado de Cultivos y Plagas en la Producción Comercial de Vegetales 2024.

Autores: Stephen Reiners, et al.

Guía traducida al español por el equipo de Futuro en Ag, Cornell Small Farms Program. 2024. A continuación.

3.1 Principios Generales

El objetivo es poder evitar o reducir las poblaciones de insectos plaga a niveles que no causen pérdidas económicas. El manejo de insectos plaga debería idealmente incluir una variedad de técnicas que se integren para reducir las infestaciones de plagas y el daño a niveles aceptables y así minimizar la posibilidad de que las plagas se adapten a cualquier técnica de manejo.

En muchos casos, ciertas infestaciones de insectos plaga nunca superan niveles que causen daños económicos y no requieren control. Las técnicas de manejo más comunes utilizadas contra los insectos plaga incluyen variedades resistentes o tolerantes a plagas, y controles culturales, físicos, mecánicos, biológicos y químicos.

El manejo integrado de plagas requiere una comprensión de la biología y ecología de la plaga, del sistema de producción del cultivo y del agroecosistema. Por ejemplo, la temperatura es el factor principal que determina la velocidad a la que se desarrollan los insectos; temperaturas más altas aumentan la tasa de desarrollo. Por lo tanto, la temperatura puede ser importante al determinar la frecuencia de las aplicaciones de insecticidas.

Los modelos de grados-día para algunas plagas de insectos están disponibles en el sitio web de la Red de Aplicaciones Ambientales y Meteorológicas - en inglés  Network for Environment and Weather Applications (newa.cornell.edu) y pueden ayudar a determinar la velocidad de desarrollo de los insectos y el momento de las aplicaciones.

Además de la temperatura, otros factores influyen en las poblaciones de plagas, como la lluvia, la calidad de la planta húesped, la disponibilidad de la planta húesped y la capacidad de la plaga para dispersarse a largas distancias.

El conocimiento de cuándo las plagas infestan típicamente un cultivo y conocer la etapa del cultivo que es más vulnerable a la pérdida de rendimiento cuando puede ser dañada por la plaga influirá en las opciones de manejo que se utilicen.

Por ejemplo, si la plaga ataca la etapa de plántula del cultivo cada año, se podría seleccionar una técnica preventiva (por ejemplo, un cultivar resistente, insecticida en la siembra). Si la plaga solo ataca ocasionalmente el cultivo, se debe tomar la decisión de controlar la plaga solo cuando las infestaciones sean susceptibles de alcanzar un nivel de daño económico (ver más abajo).

Comprender la dinámica poblacional de los insectos plaga en el agroecosistema puede informar las decisiones sobre la mejor manera de poder manejar la plaga en el cultivo de hortalizas. Por ejemplo, una plaga puede empezar por infestar un cultivo (por ejemplo, alfalfa o trigo) o una planta no que no será cultivada (por ejemplo, malezas) que no requieren control, permitiendo así que las generaciones subsiguientes se desarrollen y puedan dispersarse y dañar un cultivo de hortalizas cercano.

Umbrales de Acción y Muestreo. La decisión de usar un insecticida, o una técnica similar, contra una infestación de insectos requiere comprender el nivel de daño o infestación de insectos que un cultivo puede tolerar sin que llegue a tener una pérdida económica inaceptable. El nivel de infestación o daño a partir del cual se debe tomar alguna acción para prevenir una pérdida económica se conoce como "umbral de acción." Los umbrales de acción están disponibles para muchos cultivos de hortalizas y deben servir como guía para tomar decisiones de control. Los umbrales deben ajustarse según el valor de mercado, las condiciones ambientales, la variedad, etc.

Para estimar la severidad de las infestaciones de plagas, se debe muestrear el cultivo. El muestreo puede implicar examinar las plantas y registrar el número de plagas o la cantidad de daño observado, o se pueden usar trampas para capturar las especies de plagas para estimar la actividad de las plagas y posiblemente su abundancia. El muestreo se realiza a intervalos regulares durante toda la temporada o durante etapas críticas del crecimiento del cultivo.

3.2 Opciones de Manejo

3.2.1 Cultivos Resistentes a Plagas

Una opción de manejo importante para el control de plagas de insectos es el uso de variedades de cultivos que sean resistentes o tolerantes. Una variedad resistente puede ser menos preferida por la plaga de insectos, la variedad puede afectar negativamente el desarrollo de la plaga y su supervivencia, o la planta puede tolerar el daño sin una pérdida económica en rendimiento o calidad. Por ejemplo, los cultivos de enredadera (calabazas, pepinos, melones) que tienen concentraciones más bajas de estimulantes de alimentación (cucurbitacinas) son menos preferidos por los escarabajos del pepino.

Las variedades de maíz dulce con cáscaras ajustadas tienen menos probabilidades de ser infestadas por el gusano de la mazorca, y algunas variedades son resistentes a las bacterias transmitidas por el escarabajo de la pulga del maíz que causa la marchitez de Stewart (es causada por el patógeno bacteriano Pantoea stewartii subsp. stewartii -sin. Erwinia stewartii). Las variedades de maíz dulce Bacillus thuringiensis (Bt) han sido modificadas genéticamente para resistir el barrenador europeo del maíz, el gusano de la mazorca, el gusano cogollero y el gusano de la vaina occidental.

Algunas variedades de repollo han sido clásicamente criadas para tolerar el daño de los trips de la cebolla. Las ventajas de las variedades de cultivos resistentes o tolerantes a plagas incluyen la facilidad de uso; compatibilidad con otras tácticas de manejo integrado de plagas; bajo costo; impacto acumulativo en la plaga (cada generación siguiente de la plaga se reduce aún más); y un impacto negativo reducido en el medio ambiente.

3.2.2 Control Cultural

Existen muchas prácticas agrícolas que hacen que el entorno sea menos favorable para las plagas de insectos. La rotación de cultivos, por ejemplo, se recomienda para el manejo del escarabajo de la papa de Colorado. Los escarabajos pasan el invierno en o cerca de los campos de papas y requieren papas o plantas relacionadas como alimento cuando emergen en primavera. Plantar papas lejos del cultivo del año anterior impide el acceso al alimento necesario, y los escarabajos, que son relativamente inmóviles, morirán de hambre. La selección del sitio de plantación también puede afectar la severidad de las infestaciones de insectos. El repollo plantado cerca de cereales o granos pequeños tiene más probabilidades de ser infestado por trips de la cebolla que se dispersan desde los cultivos de granos en maduración.

Los cultivos trampa se plantan para atraer y retener plagas de insectos donde se pueden manejar de manera más eficiente y prevenir o reducir su movimiento hacia los cultivos comerciales. Las papas plantadas temprano pueden actuar como un cultivo trampa para los escarabajos de la papa de Colorado que emergen en primavera. Debido a que las papas tempranas son la única fuente de alimento disponible, los escarabajos se congregarán en estas plantas, donde se pueden controlar más fácilmente. Ajustar el momento de la siembra o la cosecha es otra técnica de control cultural. El maíz dulce plantado más temprano tiene menos probabilidades de ser infestado por el gusano de la mazorca y el gusano cogollero, que típicamente llegan a mediados o finales de la temporada.

3.2.3 Control Físico y Mecánico

El uso de barreras físicas, como cubiertas de surcos o zanjas, evita que los insectos lleguen al cultivo. Las cubiertas de surcos pueden ayudar a prevenir el daño temprano de los cultivos de cucurbitáceas por escarabajos del pepino, y las zanjas forradas con plástico pueden reducir el número de escarabajos de la papa de Colorado que se dispersan en primavera. Otros métodos incluyen la recolección manual de plagas de las plantas, las tablas o cintas adhesivas para el control de insectos voladores en invernaderos y varias técnicas de trampa.

3.2.4 Control Biológico

El control biológico se define como la reducción de las poblaciones de plagas por enemigos naturales (depredadores, parasitoides y patógenos). Los depredadores, como las mariquitas o catarinas y las crisopas verdes, son especies de vida libre que consumen una gran cantidad de presas durante su vida. Los parasitoides (ciertas avispas y moscas) son especies cuyo estado inmaduro se desarrolla sobre o dentro de un solo huésped de insecto, matando finalmente al huésped. Los patógenos son organismos causantes de enfermedades, incluidos bacterias, hongos y virus.Los patógenos matan o debilitan a su huésped y son relativamente específicos para ciertos grupos de insectos.

Los enemigos naturales pueden ser generalistas, que utilizan muchas especies diferentes de insectos como alimento, o especialistas, que son bastante selectivos en su presa. Las mariquitas o catarinas se consideran generalistas porque se alimentan de muchos tipos de presas, mientras que las especies de Trichogramma son avispas microscópicas que se especializan en parasitar huevos de polillas. Existen tres tipos amplios y algo superpuestos de control biológico: clásico, aumentativo y conservacionista.

La conservación de los enemigos naturales es probablemente la práctica de control biológico más importante y fácilmente disponible. Los enemigos naturales se encuentran en todos los sistemas de producción de hortalizas. Están adaptados al entorno local y a la plaga objetivo, y su conservación es generalmente simple y rentable. Las crisopas verdes, las mariquitas, las larvas de sírfidos y las momias de pulgones parasitadas casi siempre están presentes en las colonias de pulgones.

Las moscas adultas infectadas por hongos suelen ser comunes después de períodos de alta humedad. Estos controles naturales son importantes y deben ser considerados al tomar decisiones de manejo de plagas. En muchos casos, la importancia de los enemigos naturales no ha sido adecuadamente estudiada o no se hace evidente hasta que se detiene o reduce el uso de insecticidas. A menudo, lo mejor que se puede hacer es reconocer que estos factores están presentes y minimizar los impactos negativos sobre ellos.

Si se necesita un insecticida, se debe hacer todo lo posible para usar un material selectivo y usarlo con moderación.

Los enemigos naturales suelen verse más afectados negativamente por los insecticidas químicos que la plaga objetivo. Debido a que los depredadores y parasitoides deben buscar a sus presas, generalmente son muy móviles y pasan una cantidad considerable de tiempo moviéndose entre las plantas. Esto aumenta la probabilidad de que entren en contacto con el insecticida. Cuando se aplica un insecticida, idealmente solo deberían verse afectados los insectos objetivo. El objetivo es maximizar la mortalidad de las plagas mientras se minimiza el daño a los enemigos naturales.

Los siguientes factores influyen en el impacto de las aplicaciones de insecticidas sobre los enemigos naturales:

Espectro de actividad. Los insecticidas de amplio espectro afectarán negativamente a los enemigos naturales que los materiales selectivos para especies o etapas de vida específicas de insectos.

Actividad residual (vida media) del insecticida. Los insecticidas que permanecen tóxicos para las plagas durante mucho tiempo y permanecen en la superficie tratada tendrán un efecto similar sobre los enemigos naturales.

Cobertura y formulación del insecticida. Las aplicaciones de cobertura completa generalmente tendrán un mayor impacto en los enemigos naturales que las aplicaciones dirigidas, los sistemáticos o las formulaciones en cebo. Los tratamientos en puntos específicos o en los bordes dirigidos a infestaciones localizadas de plagas serán menos perjudiciales que aquellos aplicados a todo el campo.

Dosificación y frecuencia de aplicación. Las dosis más altas y las aplicaciones repetidas tendrán un impacto más perjudicial en los enemigos naturales.

Susceptibilidad de los enemigos naturales a los pesticidas. Algunos enemigos naturales son característicamente más resistentes a los insecticidas que otros y algunas poblaciones de enemigos naturales han sido seleccionadas para poseer niveles más altos de resistencia. Las aplicaciones de algunos fungicidas también pueden reducir la incidencia de enfermedades fúngicas (causadas por hongos) en los insectos. Los fungicidas y herbicidas también pueden tener efectos letales y subletales en los enemigos naturales.

En muchas ocasiones, el complejo de enemigos naturales asociado con una plaga de insectos puede ser inadecuado. Esto es especialmente evidente cuando una plaga de insectos es introducida accidentalmente en una nueva área geográfica en donde no existen sus enemigos naturales asociados. Estas plagas introducidas (por ejemplo, el barrenador europeo del maíz, el, la mosca de la roya de la zanahoria y la palomilla dorso de diamante) constituyen aproximadamente el 40 por ciento de las plagas de insectos en los Estados Unidos.

El control biológico clásico es la práctica de importar y liberar enemigos naturales para su establecimiento (tras un proceso de cuarentena) con el fin de controlar una plaga introducida. Se realizan estudios de seguimiento para determinar si el enemigo natural se ha establecido con éxito en el sitio de liberación y para evaluar su beneficio a largo plazo.

“Aumentación” es la liberación suplementaria de enemigos naturales. Pueden liberarse relativamente pocos enemigos naturales en un momento crítico de la temporada o incluso millones de ellos. Por ejemplo, la tasa de liberación recomendada para Trichogramma ostrinae (insecto muy utilizado en programas de control biológico de plagas) en maíz dulce es de 30,000 por acre. En contraste, los nematodos entomopatógenos se liberan a tasas de millones e incluso miles de millones por acre para el control de ciertas plagas de insectos del suelo. El éxito de la “aumentación” puede mejorar al modificar el hábitat de cultivo para favorecer a los enemigos naturales.

Muchos parasitoides y depredadores adultos se benefician de fuentes de néctar y de la protección proporcionada por refugios como setos, cultivos de cobertura y bordes con malezas. La modificación de los hábitats que se encuentran al rededor debe realizarse con cuidado. Los refugios pueden beneficiar a algunas plagas, pero también pueden ser plantas huésped de ciertas enfermedades, especialmente virus de plantas que podrían ser transmitidos por plagas de insectos. Se puede obtener  más información sobre los enemigos naturales en el sitio web disponible en inglés Biological Control: A Guide to Natural Enemies in North America.

3.2.5 Control Químico

Cuando otras tácticas de manejo no están disponibles o no logran evitar que las infestaciones de plagas causen daños económicos, se necesitan insecticidas. Dependiendo de la probabilidad de que una plaga específica ataque un cultivo y del momento de esa infestación, la decisión de usar un insecticida puede tener que tomarse antes de la siembra (por ejemplo, tratamiento de semillas o aplicación en la siembra) o después de que la plaga haya infestado el cultivo.

Cuando se trata de esto último, se puede utilizar un umbral de acción para determinar si es necesario y cuándo rociar, y será necesario inspeccionar el campo. La elección del material, formulación, dosis y método de aplicación variará dependiendo de varios factores, incluidos los insectos a controlar y la etapa de desarrollo del cultivo.

Los insecticidas pertenecen a muchas clases químicas diferentes, incluyendo: organofosfatos (malatión), carbamatos (metomil), piretroides sintéticos (lambda-cihalotrina y bifentrina), neonicotinoides (imidacloprid y tiametoxam), avermectinas (abamectina y emamectina-benzoato), espinosinas (spinosad y spinetoram), diamidas antranílicas (clorantraniliprol y ciantraniliprol) y ácidos tetramicos (spiromesifen y spirotetramat). Además de estas clases comunes de insecticidas, hay insecticidas derivados de plantas (azadiractina), materiales inorgánicos (criolina) y biológicos (Bacillus thuringiensis).

Estos insecticidas también se clasifican según su modo de acción: venenos físicos, venenos protoplasmáticos, inhibidores metabólicos y venenos nerviosos. (Ver Tabla 3.2.1.) Los venenos físicos matan por una acción como la sofocación e incluyen ciertos aceites. Los venenos protoplasmáticos matan al destruir proteínas. Los inhibidores metabólicos interfieren con procesos como la respiración o la digestión. Los venenos nerviosos, el grupo más grande de insecticidas, interfieren con las funciones normales del sistema nervioso.

Los insecticidas se formulan en concentrados líquidos emulsionables, líquidos fluidos y concentrados secos como polvos mojables, polvos solubles, polvos, y gránulos. Se debe añadir un surfactante* a las mezclas de pulverización para algunos cultivos, especialmente crucíferas y cebolla, para que la mezcla se distribuya más uniformemente sobre las hojas sin formar gotas y caer al suelo. Para muchos de los insecticidas aplicados en follaje que tienen actividad translaminar o sistémica, se necesita un surfactante no iónico o a base de aceite para ayudar al insecticida a penetrar la superficie de la hoja.

Además, muchos insecticidas solo serán efectivos si el insecto los consume o entra en contacto con ellos; por lo tanto, una buena cobertura es esencial para un control eficiente de plagas. Los requisitos de volumen de pulverización pueden variar de cinco a 150 galones por acre, dependiendo del equipo, químico, cultivo y tamaño de la planta. Utiliza el equipo de aplicación correcto para asegurar una cobertura adecuada. Las boquillas de caída o los pulverizadores de chorro de aire pueden ser esenciales para introducir el insecticida entre las hojas del cultivo y alcanzar la plaga.

Varios factores determinan la eficacia de una aplicación de insecticida, incluyendo el uso del insecticida correcto, el momento adecuado de la aplicación y una buena cobertura del cultivo. Algunos insecticidas son más efectivos que otros para una plaga en particular, y ciertos insecticidas deben aplicarse en momentos específicos. Por ejemplo, para ser más efectivos, los productos de Bt deben aplicarse temprano en el desarrollo de la plaga cuando es más susceptible a la toxina.

*Un surfactante es una  sustancia que reduce la tensión superficial entre dos líquidos, permitiendo que se mezclen. 

3.3 Manejo de la Resistencia

Un obstáculo importante para el uso continuo y efectivo de los insecticidas es el desarrollo de resistencia. Las poblaciones de plagas de insectos desarrollan resistencia a los insecticidas a través de la selección genética. Algunos individuos en una población tienen rasgos genéticos que les permiten sobrevivir a una aplicación de insecticida. Algunos de los descendientes de estos individuos sobrevivientes poseerán estos rasgos.

Cuando se realizan aplicaciones adicionales de insecticidas, más individuos resistentes sobreviven. Con el tiempo y en ausencia de un manejo adecuado de la resistencia, la población de plagas puede consistir principalmente de individuos resistentes. En este punto, el control puede ser difícil o imposible. Aumentar la frecuencia de las aplicaciones o las cantidades de insecticida no mejorará el control. Cambiar a insecticidas diferentes o nuevos dentro de la misma clase o incluso de clases diferentes puede no ayudar porque las plagas resistentes a un insecticida pueden también ser resistentes o desarrollar rápidamente resistencia a otros. Esto se conoce como resistencia cruzada.

Por ejemplo, algunas plagas de insectos que son resistentes a los organofosfatos desarrollan rápidamente resistencia a los carbamatos. Las aplicaciones repetidas para controlar una plaga objetivo pueden llevar a que otras especies no objetivo, sujetas a estas mismas aplicaciones, desarrollen resistencia.

Las poblaciones de algunas plagas de insectos poseen resistencia a uno o más insecticidas. Una lista parcial incluye los siguientes: pulgones del duraznero resistentes a carbamatos y piretroides; trips de la cebolla resistentes a piretroides, organofosfatos y carbamatos; escarabajos de la papa de Colorado resistentes a piretroides, carbamatos, organofosfatos y neonicotinoides; palomillas dorso de diamante resistentes a piretroides, organofosfatos, carbamatos, espinosinas, diamidas antranílicas y Bt. Se recomiendan los siguientes pasos para minimizar el desarrollo de resistencia a los insecticidas: realizar aplicaciones solo cuando sea necesario, siguiendo los umbrales de acción; usar la dosis mínima recomendada que proporcione control; rotar insecticidas que estén en diferentes clases químicas y que tengan diferentes modos de acción durante la temporada (ver Tabla 3.2.1). Idealmente, esta rotación debería hacerse a lo largo de las generaciones de plagas, de modo que cada generación se trate con una clase diferente de insecticida. Los sinergistas también pueden mejorar la eficacia.

Un insecto puede ser resistente a un insecticida de una clase particular (por ejemplo, piretroide), pero ser susceptible a otro insecticida de una clase diferente (por ejemplo, espinosina). Por lo tanto, es importante conocer las clases de insecticidas. El Comité de Acción de Resistencia a Insecticidas - Insecticide Resistance Action Committee (IRAC por sus siglas en inglés) ha clasificado los insecticidas en grupos de manejo de resistencia.

La mayoría de los insecticidas incluyen un número de grupo IRAC en la primera página de la etiqueta. Alternar entre insecticidas con diferentes números de grupo ayudará a evitar el desarrollo de poblaciones de insectos resistentes.